Contaminación

Foto: MINAM

Primero, ¿Qué es la mitigación?

La mitigación es la acción humana destinada a reducir o evitar las emisiones de GEI a la atmósfera, o ampliar su absorción a través de depósitos o sumideros (IPCC, 2007). Así, por ejemplo, algunas acciones de mitigación consisten en usar energías limpias en lugar de combustibles fósiles, invertir en un programa de conservación de bosques, entre otros.

¿Por qué es importante mitigar?

La temperatura en la tierra está aumentando y los escenarios del IPCC proyectan que las emisiones de GEI serán cada vez mayores. Como se sabe,  para efectos de la contabilidad de los GEI, da igual si la tonelada de CO2 proviene de Estados Unidos o Perú: los gases de efecto invernadero entran a la atmósfera y no se segmentan por lugar de origen; sin embargo, las consecuencias de su acumulación no son las mismas en todo territorio, y  aquellos que menos contribuyen al problema son los que más sufren las consecuencias.

En ese sentido, tanto los países desarrollados como los que están en vías de desarrollo deben comprometerse a crecer limpiamente y reducir sus emisiones. Esto aplica especialmente a los países de economías emergentes, quienes deben evitar seguir el mismo patrón de crecimiento intensivo en emisiones de GEI que han seguido los países desarrollados. Si bien el Perú no es un gran emisor en cifras absolutas, en términos relativos a su nivel y proyecciones de desarrollo tiene el mismo nivel de emisión de países desarrollados con mayor PBI per cápita, como Nueva Zelanda. Por ello es necesario que los planes de desarrollo incorporen medidas conducentes a optimizar el uso de combustibles fósiles y a hacer más eficiente nuestra matriz energética; pero sobre todo, reducir la mayor fuente de nuestras emisiones actuales: la deforestación y el cambio de uso del suelo en bosques amazónicos.

El cuarto informe del IPCC establece que para alcanzar una concentración atmosférica de 450 partes por millón (ppm) de CO2eq (asociada a un aumento de temperatura de 2°C, que traería efectos desastrosos), los países desarrollados deberán reducir sus emisiones en un rango de 25 a 40% al 2020 y de 80 a 95% al 2050, respecto a niveles de 1990; y los países en desarrollo (específicamente América Latina, Medio Oriente, el Este de Asia y Asia Central) deberán experimentar una “desviación sustancial” de su línea base o proyección de emisiones bajo un escenario en que “todo sigue igual” (en inglés business as usual). Solo de esta manera, emprendiendo compromisos y acciones concretas de mitigación lograremos evitar un cambio climático peligroso, ante cuyos impactos somos especialmente vulnerables.