Desde hace unos años, los nevados en el Perú vienen experimentando un retroceso glaciar debido a factores antrópicos (acción humana) y alteraciones ecológicas que modifican la disponibilidad hídrica. Desde 1980, los glaciares peruanos han perdido un 22% de su superficie (500 km2), el equivalente a cerca de diez años de suministro de agua para la ciudad de Lima. En ese mismo periodo al 2006, se ha observado una disminución del área glaciar en la Cordillera Blanca (Ancash), nevado Coropuna (Arequipa) y nevado Salkantay (Cusco). En concreto, en la zona del Coropuna, se está produciendo un acelerado proceso de deglaciación y, de proseguir este ritmo de reducción, en 20 años habría una pérdida total del glaciar y, al 2025, el nevado Coropuna sólo sería una capa de hielo incapaz de producir escurrimiento superficial para satisfacer las demandas hídricas de la zona.

Reservas glaciares (Click para agrandar)

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El Perú contiene aproximadamente el 71% de los glaciares tropicales del mundo y cubren el 0.12% de la superficie del país; razón por la que preocupa que seamos uno de los países con las tasas de retroceso glaciar más altas del mundo. Esta situación pone en riesgo la disponibilidad de los recursos hídricos para el consumo humano (el 95% de la población peruana utiliza aguas que provienen de zonas alto-andinas), la agricultura y la generación hidroeléctrica. Además la deglaciación trae otros efectos perjudiciales como el incremento del número de lagunas y sus volúmenes que aumenta los riesgos de desastres por aludes; y la alteración de los caudales en los ríos, que acrecentaría el proceso de desertificación y en otros casos, incrementaría el riesgo de deslizamientos e inundaciones.